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Los factores que condicionan las características finales
de los jamones son:
Entre las cualidades de esta primitiva raza destacan su rusticidad, el aprovechamiento que hace de los alimentos que le proporciona la dehesa, su capacidad a acumular grasa y el alto grado de veteado de sus músculos. La bellota le aporta aceites esenciales que, sintetizados en su grasa, transmiten a la carne todos esos aromas, sabores y brillos que hacen exclusivos los productos derivados del cerdo Ibérico. A la vista son cerdos renegridos y pequeños en comparación con el cerdo blanco, con patas finas, largas y resistentes terminadas en una pezuña negra, hocico recto y afilado, su pelo es débil y escaso. Es sin duda la alimentación a base de bellotas y hierba durante el periodo de cebo previo al sacrificio la que determina de manera más directa las características genuinas de la carne y productos cárnicos del cerdo Ibérico, confiriéndoles una serie de peculiaridades en el sabor, aroma, y la textura. El cerdo Ibérico vive en el campo, y a los tres meses, bien alimentado de cebada, maíz, trigo y soja, ya está en los 40 ó 50 kilos (3,5 arrobas). Cuando el animal ha alcanzado unos 100 kilogramos de peso, comienza la última fase del ciclo productivo, la de cebo o engorde. Tradicionalmente se realiza en régimen extensivo. El cebo es la etapa final del ciclo productivo y va a determinar la clasificación de los cerdos en base a la forma en la que se lleve a cabo, condiciones de manejo y tipo de alimento suministrado. Según el tipo de cebo la clasificación es:
Las excelentes características sensoriales del producto acabado dependen en buena medida del peculiar proceso de elaboración del jamón Ibérico. El procesado se ha llevado acabo de forma tradicional a expensas de las condiciones climáticas en lugares caracterizados por un clima continental extremo, con aire fresco y frío. • Salazonado Permite la consecución de un ligero sabor salado del producto final y a la vez impide el desarrollo de microorganismos. Los jamones son introducidos en cámaras de salado a una temperatura entre 0ºC y 3ºC. Los días de salazón oscilan habitualmente entre 10 – 14 días según el peso de la pieza. • Post-salado En esta fase se pretende conseguir una distribución homogénea de la sal por toda la pieza, penetrando suficiente en le interior, y conseguir un nivel de deshidratación adecuado y uniforme. Al inicio de esta etapa, se aplican masajes manuales a los músculos laterales desplazándolos hacia el centro de la pieza, para que el jamón adquiera una forma más cilíndrica y alargada de manera que su vista sea más atractiva. • Secado Terminada la salazón, se lavan las piezas en agua templada para eliminar la sal adherida, pasando a secaderos naturales con un riguroso control de humedad y temperatura que puede durar entre 6 y 9 meses. Este periodo de reposo favorece la fusión natural de parte de las grasas de su protección adiposa, consiguiendo una distribución uniforme de las grasas en el tejido muscular. En estos meses empieza a adquirir su sabor y su aroma característico y único. La regulación de la temperatura y humedad relativa se consigue mediante la apertura y cierre de los ventanales. • Maduración Una vez concluido el secado y, con ello, la fase de curación, comienza el periodo de maduración del jamón, que también se hace en ambiente natural. Para ello, las piezas curadas se trasladan a naves de maduración o a bodegas, donde se almacenan colgadas en condiciones especiales de humedad y temperatura durante el tiempo necesario hasta completar todo el proceso de elaboración. En esta etapa continua el proceso que posibilita que las grasas de la bellota se introduzcan en las fibras musculares consiguiendo una distribución uniforme de las piezas e impregnándolas de su aroma y bouquet característico.
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